CONSUELO GARCÍA DEL CID GUERRA

Consuelo García del Cid Guerra
Investigadora, poeta, escritora y directora del periódico digital Tenemos la Palabra, es autora del libro de relatos Por lo que hemos sido (1980). Como poeta formó parte de las antologías Nueva Poesía Castellana (1979) y Peliart(1980). Obtuvo el Premio de Poesía Literaducto (1979); fue finalista del Premio de Novela Elyssée por su obra Una enjundia de nada (1978); en 2008 publica Al ladrón en El Taller del Poeta y escribe dos novelas: No me olvidesy Te la quitaré aunque esté muerto; en 2012 publica Las desterradas hijas de Eva, una historia que pone al descubierto el holocausto español sufrido por miles de mujeres durante la dictadura franquista a través de los preventorios, el Patronato de la Mujer, la Maternidad Peña Grande y otras instituciones creadas exprofeso para el control social de las mujeres. En 2014 presenta la novela Librada. En 2015 presenta ‘Ruega por nosotras’, un ensayo sobre los reformatorios franquistas del Patronato de Protección a la Mujer.

Preventorio de Guadarrama
Era una institución pública de acogida y prevención de enfermedades donde se maltrató a niñas física y psíquicamente, con abusos sexuales incluidos. Además, las internas fueron utilizadas como conejillos de indias en experimentos médicos hasta 1975.A falta de documentación oficial u oficiosa de la normativa de aquel centro, el libro que han escrito Consuelo García del Cid y Chus Gil se ha elaborado con el testimonio vivido y vivo de decenas de mujeres, que en su infancia fueron víctimas de lo que debió ser un centro disciplinario (castigos, malos tratos, vejaciones, etcétera) y reeducativo (rezo del rosario, canto del “Cara al sol”, etcétera), bajo un disfraz sanitario (sobrealimentación forzada, pinchazos constantes, reposo rígidamente vigilado por unas cuidadoras sin ninguna cualificación sanitaria, etcétera). La experiencia vivida por aquellas niñas debió de ser terrible, porque la huella imborrable es aún recordada por las víctimas como algo difícilmente superable.

«A él acudían niñas de 7 a 12 años (aunque también las había de 5, 16 y 17) sin período definido de estancia, y aunque en su mayoría se trataba de hijas de familias desfavorecidas, tampoco ese concepto es generalizable, puesto que no estaba estipulado como tal, sino con la intención de prevenir el desarrollo o contracción de enfermedades contagiosas.
Todas salían de un lugar situado en la calle Andrés Mellado y eran conducidas en grupo hasta la Sierra de Guadarrama.
Al llegar se les cortaba el pelo, eran despojadas de sus ropas y les entregaba un delantal junto con alpargatas de esparto que se ataban con cintas. De inmediato las rociaban con unos polvos blancos por todo el cuerpo, dejando una toalla en la cabeza durante la primera noche.
Eran abofeteadas por cualquier motivo: hacer mal la cama, llorar, acordarse de sus padres, dejar comida en el plato o hablar durante la siesta. Si alguna se meaba en la cama, las cuidadoras (Sección Femenina) les acercaban una cerilla al trasero hasta quemarlas.»